TRANSFORMACIONES

jueves, 21 de agosto de 2008

La lluvia

Ibamos a morir.
Habíamos permitido que la lluvia,
lenta y persistente
se anidara en nuestras cabezas.

Ella vino,
para instalarse por toda la eternidad,
se escondió un momento
haciéndonos creer
que le había dado paz al cielo
y cuando estuvimos afuera
vulnerables aunque defensas,
volvió.

A devorarnos con paciencia y delicadeza,
para que no lo notáramos,
para que la diéramos por simple
y confiáramos en ella.

Pero ahora,
hemos muerto.

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