(Se nos están cayendo los dedos de las manos, ya sea por accidentes con ralladores, o porque sí).
Cuando la mediocridad es un mar de mierda que inunda todas las entidades, empresas, oficinas, organizaciones, asociaciones, incomodan quienes en lugar de máscaras, tienen el rostro y las manos llenas de espinas, quienes son capaces de escupir en la cara de las bestias con acento de modelo paisa, quienes insisten en empresas perdidas, causas de titanes, quimeras de locos.
Entonces los sacan a volar
Volar
Volar.
Espacio en el que caben todas mis manifestaciones escritas. Tanto las que aspiran a ser poema o cuento, como los simples ejercicios de pensamiento en voz alta.
viernes, 18 de septiembre de 2009
sábado, 22 de agosto de 2009
Un asunto espacial
FASE UNO
Normalmente tiene graves problemas para ubicarse. Solo lo logra con destreza (aunque no siempre) si se trata de un lugar que recorre todos los días caminando. En los demás casos, es presa de una gran estupidez en todo lo relacionado con puntos cardinales, derechas, izquierdas (siempre ha de mirar cuál de sus dos manos tiene unos puntos cafés, para identificar la izquierda), arribas, abajos. Y hay lugares que son la completa perdición, aunque en ellos haya vivido unos años. Sectores que simplemente no le han logrado entrar en la cabeza.
FASE DOS
Aunque se ve una sola, se ha desprendido en dos. Una que está en un lugar llamado décadas atrás o uno llamado nada. Y la otra que está en un lugar llamado "aquí". Solamente cuando la primera logra recordar algún pasado inmediato en el cual estuvo "aquí", se encuentra con la segunda. Entonces pueden decir: ya estamos aquí.
FASE TRES

A veces la primera se va tan lejos de la segunda, que le borra por completo el lugar panorámico, y la segunda no puede saber donde está, ni a donde tiene que ir. Aunque las dos hayan estado muchas veces en ese lugar. En esos casos la segunda entra en pánico, se siente desamparada, vulnerable, angustiada. Hasta cuando la primera aterriza con fuerza. Y es un gran alivio.
jueves, 11 de junio de 2009
Bajo los efectos II
Obligada por las circunstancias, la loca, que sostiene entre sus manos los hilos de varias cometas, unas muy lejanas en el horizonte, otras tercas que se niegan a salir volando, se detiene un instante. A escuchar el torrente que pasa por su lado. Se oyen gritos, tractomulas estrellándose, señoras paranoicas, manos endiabladamente arrugadas, segundos que esclavizan, instrumentos que se rompen, cables invadiendo el alimento, platillos que suenan como cilindro de gas, fiscales condescendientes, pies machucados, exposiciones casi impecables, sillas vacías, caras de revólver, jefes despistadas, señores que regañan, estómagos que enferman. (Se acabaron las veinte botellas de suero verde con sabor a manzana. Queda un tal Vai cascándole a la guitarra hasta que le saca el último suspiro).
...Y las cometas?
Outside the net
Cuando uno se borra del mundo virtual - es decir que se borra de ninguna parte, porque si es virtual es porque no existe -, quedan los personajes de este lado de la pantalla, los amigos que pertenecen a los cinco dedos de la mano izquierda (que es la que sirve), los eventos a los que de verdad se asiste (una izada de bandera hecha por engendros), los grupos a los que se pertenece (el de los perros), las cosas viscerales que se han vivido (aunque nadie se entere).
La cueva
Un sitio en donde solo se escucha mi voz, se ven los huesos y venas brotadas, los ojos cansados, la boca reseca, los pies maltratados, la cabeza que pica, el sueño eterno y la liviandad. Las manos que se entrelazan con si mismas, la boca que no besa, los brazos que bailan-castigan, en vez de abrazar. Una luz que se apaga para poder dormir.
Don Silvio
Que se atreva a cantar, ahora que por enésima vez, decidió no venir a esta cueva, (o decidieron no dejarlo entrar, quien sabe). Seguirá su séquito de novecientas cincuenta canciones siendo el fondo musical para la vida, y sus letras traídas de los cabellos el coro para atreverse alguna vez: La canción que siendo toda una fiesta, se convirtió en un réquiem. O la que es un retrato descarnado de la vida cotidiana. Pero sobre todo, esa que podría escuchar mil veces seguidas, sin cansarme y que solo he podido conseguir en mi propia casa. Nadie más en el mundo la tiene (o no se les ha dado la gana de dejármela escuchar). Y todas las demás.
Los versos han muerto
Los versos han muerto, quedan las palabras con la cara llena de chocolate y las rodillas muy sucias. Estaban de paseo en el monte y regresaron aún más salvajes de lo que eran, (un ardor en el pecho) indomables y obstinadas (ardor revuelto con dolor). Aunque las hayan querido reprimir, esconder, ignorar, vuelven a salir como si nada hubiera ocurrido. Y luchan contra los monstruos hasta que los matan y les ponen encima una bota puntuda, mientras se cruzan de brazos y sonríen triunfantes, con su sombrero de vikingo, y sus largas trenzas…
Historia antigua y su continuación
Y si la música me matara de nuevo, de a pocos, réplicas del terremoto asomándose por los vericuetos del vacío, le entregaría las armas que no tengo, el poco juicio que ha logrado nacer, la simple ráfaga de la vida.
(Pero no logró matarme, más bien al contrario).
(Pero no logró matarme, más bien al contrario).
Bajo los efectos I
Todos los médicos están huyendo, los ojos son dos bolas de fuego, las manos unos témpanos de hielo. Quisiera ir a uno de esos lugares en donde la luna, o el sol, se ven gigantes, aunque no se si existen o son efectos especiales de las películas: ir solo por saber si es cierto. Y después enruanarme por unas décadas, con algo de música que no se repita ni exija derechos de autor. Y ver si las manos llegan a arrugarse de forma tan bestial que borren la cara.
jueves, 26 de marzo de 2009
Aprendizajes
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